Llego a la oficina después de unas descansadas semanas de vacaciones. Observo las caras de mis compañer@s: unos acaban de llegar, otros llevan casi todo el mes de agosto en la oficina, a algunos aún le queda un poco de disfrute playero. No detecto en ninguno de ellos nada que indique que sufren del llamado síndrome post-vacacional. Si acaso, tod@s reflejamos cierta inquietud por las perspectivas económicas no demasiado halagüeñas que día tras día reflejan los periódicos y, en general, los medios de comunicación.

La vuelta del periodo vacacional supone para todos un duro cambio al que cuesta adaptarse. Cambiamos el relax y la libertad por las obligaciones, los horarios y la rutina.Después de revolcarnos en la arena como croquetas, irnos a la cama a las tantas, no necesitar poner el despertador… – o ponerlo, sí, pero para actividades lúdicas y placenteras – el regreso a la actividad laboral quizá no sea lo más de lo más; eso es cierto, pero tampoco se entiende bien que alguien llegue a sufrir ese tal síndrome. La realidad es que a base de leer todo lo que sobre el tema publican los periódicos y ver lo que emiten los programas de televisión, a veces llegas incluso a creer que lo sufres.

En verdad, el verano y las vacaciones son una delicia y casi el mejor estado posible si ambas cosas coinciden y, sobre todo, si sabes que tienes trabajo a la vuelta. No conozco a nadie (a nadie sano mentalmente) que desee volver al trabajo para olvidarse de los días de asueto, relax y disfrute que implican la vacaciones en la mayoría de los casos. Pero tampoco es raro que experimentemos malestar o cierto brote de holgazanería, pero eso no es trastorno, es sólo pereza y esto no es una enfermedad, sino un pecado capital.

SEAMOS REALISTAS, con la que está cayendo, los que tienen derecho a tener cualquier tipo de síndrome son los que no han podido irse de vacaciones, o los que no tienen la posibilidad de padecer esa angustia de la vuelta al trabajo. Aquellos que esta semana no pueden comentar con su compañero de trabajo, lo divertida que fue la semana en la playa porque, ni hubo playa, ni hay compañero con quien comentar. Aquellos que cada dia, miran una y otra vez las ofertas de trabajo en las que ya hay apuntados 2300 angustiados más, aquellos que ven como sube el IVA y que ya ni siquiera saben cómo van a pagar el recibo de la luz o el material escolar de los niños.

Por lo tanto, a todos aquellos que el lunes se nos hizo difícil levantarnos, desde Lunch&Dinner queremos intentar que pensemos en positivo, seamos agradecidos y conscientes de que en realidad somos unos afortunados. Aunemos fuerzas para superar estos difíciles momentos, tratemos de construir, de levantar, de emprender, de forma a que poco a poco podamos salir de esta situación tan difícil todos, los del Síndrome Post-vacacional y los del Síndrome de la Angustia Total. De hecho, según datos contrastados, la vuelta al trabajo ya no es tan deprimente. El número de personas que este año dicen padecer depresión tras las vacaciones y vuelta al trabajo se reduce un 14% respecto a 2011. Eso indica el último informe de Randstad, empresa especializada en soluciones de recursos humanos, que concluye que el 53,3% de los trabajadores encuestados regresa con normalidad a la oficina y sin padecer el famoso trastorno. El 46,7% restante cree que va a necesitar entre una y dos semanas para recuperar el ritmo, ¡ánimo!

LunchandDinner, por su parte ya está trabajando para esta “rentrée”.

Ya estamos a fuego lento, preparando esos aromáticos platos de cuchara que dentro de no mucho tiempo nos ayudaran a reponer fuerzas; elaborando nuevos platos de pescado, creando dulces postres…

También adaptándonos a la actual situación, nuevas ofertas, precios competitivos….Ya estamos de vuelta, con todas las ganas de añadir una pizca de sal o de azúcar, para que todo sea  un poquito mas agradable.

¡Bienvenidos a todos!