¡Estamos a 4 días de celebrar un nuevo año! Llega 2013 señores y señoras, y con él llegan el champagne, los abrazos, las promesas y los propósitos de vida que duran tanto como la resaca del día siguiente. Regalos, besos, llamadas de aquellos que están cerca y de otros que suelen desaparecer hasta el día 31, con algún popular texto por móvil puesto de moda para la ocasión. Se va un año de crisis para recibir el que «va a ser mi año» y ojalá lo sea, el de todos nosotros y el de fin de crisis… o al menos su relajo, un poco de calma y más humanidad. Llegan y se esperan tantas cosas como variopintas formas de ver la vida y circunstancias existen. Pero si hay algo que llega, de verdad, todos los años en todas las casas españolas son las doce uvas.

¡Oh! ¡Eso sí que apetece! Al ritmo de las campanadas de la Puerta del Sol. Y si hay una madre que te quita las pepitas y pela la uva para que no te atragantes, ¡mucho mejor! Que no es cuestión de que los deseos se queden en la tráquea, ahí, interrumpiendo la digestión de nuestros sueños. Por eso hoy queremos contaros la historia de las doce uvas. Para que «sueñes» con conocimiento y, de alguna manera, participar contigo de los mejores deseos. ¡Feliz año!

La ingesta de las doce uvas es algo muy nuestro. Tanto que se trata de una tradición de origen español y extendida a otros países hispanoamericanos, además de Italia y otros lugares del globo.

La primera referencia escrita sobre las doce uvas aparece en la Nochevieja de 1895, en esta fecha fue el Presidente del Consejo de Ministros quien despidió el año con uvas y champangne.

El origen de la tradición de comer las uvas tiene un precedente: un bando municipal del alcalde de Madrid, José Abascal y Carredano, de diciembre de 1882, por el que se imponía una cuota de 1 duro (5 de las antiguas pesetas, 0,0305 euros…) a todos los que quisieran salir a recibir a los Reyes Magos. Esta tradición servía para ridiculizar a algunos forasteros que llegaban esos días y a quienes se les hacía creer que había que ir a buscar a los Reyes Magos la madrugada del 5 de enero; se utilizaba, además para beber y hacer cuanto ruido se quisiera. Con este bando José Abascal privó a los madrileños de la posibilidad de disfrutar de un día de fiesta en donde se permitiese casi todo. Esto, junto a la costumbre de las familias acomodadas de tomar uvas y champagne en la cena de Nochevieja, provocó que un grupo de madrileños decidieran ironizar la costumbre burguesa, acudiendo a la Puerta del Sol a tomar las uvas al son de las campanadas. A parir de aquí, la costumbre.

El inicio de esta tradición española no comienza en 1909, como se cree, sino, al menos, en diciembre de 1896 en la Puerta del Sol madrileña. La prensa madrileña ya comentaba en enero de 1897. “Es costumbre madrileña comer doce uvas al dar las doce horas en el reloj que separa el año saliente del entrante”. Al año siguiente la prensa animaba a esta tradición con un artículo titulado “Las Uvas milagrosas”. La tradición marca tomar las doce uvas a los pies del reloj de la Puerta del Sol, pero esta tradición provocó tanto interés que ya en 1903 las uvas también se comían en Tenerife y poco a poco se fue ampliando al resto de España, aunque se marcara que deben tomarse en la Puerta del Sol.

La prensa de 1907 se queja de que esta tradición supuestamente importada por los aristócratas de Francia o Alemania, se haya arraigado tanto en la sociedad y la clase más baja la haya adoptado cuando en sus primeros años se burlaba de esto.

Esta tradición ya se conoce en toda España en 1903, aunque no será hasta años después que se extienda a todo el territorio nacional. Queda claro que la tradición, documentada desde diciembre de 1897 (algunos la retraen a 1880) pero asentándose en diciembre de 1896, es el inicio cierto de la costumbre de comer doce uvas al compas de las doce campanadas del reloj de la Puerta del Sol.

Todo el equipo de Lunch&Dinner te desea un ¡feliz año nuevo!